PARQUE NACIONAL
MBURUCUYÁ

El Parque Nacional Mburucuyá combina distintos ecosistemas en un solo lugar. Es perfecto para observar aves y fauna, pero también para conectar con la cultura local y sus tradiciones.

Actividades en el Portal

Parque Nacional Mburucuyá: el primer parque nacional de Corrientes y un tesoro de biodiversidad

Antes de que el Gran Parque Iberá tomara su forma actual, antes de que el rewilding se convirtiera en parte del vocabulario del turismo argentino, existía el Parque Nacional Mburucuyá. Creado en 1994 a partir de una donación que transformó una estancia productiva en santuario de biodiversidad, este parque fue el primero de su tipo en la provincia de Corrientes y sigue siendo uno de los destinos de naturaleza más ricos y menos masificados del noreste argentino.

Ubicado a 15 kilómetros del pueblo homónimo de Mburucuyá, integra hoy el sistema del Gran Parque Iberá como uno de sus portales de acceso, aportando una diversidad de ambientes que lo distingue de todos los demás.

La riqueza de ambientes: lo que hace único al Parque Nacional Mburucuyá

Lo que transforma a este parque en un destino especial es la variedad de ecosistemas que coexisten en un territorio relativamente compacto. Esteros, bañados, pastizales, palmares de yatay, montes de ñandubay y bosques en galería crean un mosaico de hábitats que explica la extraordinaria diversidad de fauna que alberga el parque. Esta multiplicidad de ambientes es el sueño de cualquier observador de aves en Argentina: el parque concentra una lista de especies que incluye aves acuáticas propias del Iberá y aves de monte, de pastizal y de borde de bosque, muchas de ellas difíciles de encontrar juntas en otro sitio del país.

Avistaje de aves y fauna en Mburucuyá

El avistaje de aves en el Parque Nacional Mburucuyá es considerado entre los mejores de todo el sistema del Iberá por los observadores especializados. Los palmares de yatay —formaciones vegetales cada vez más escasas en la Argentina— albergan especies que dependen de ellas de manera exclusiva y que difícilmente pueden encontrarse en otro tipo de paisaje.

El aguará guazú, el oso hormiguero gigante, el ciervo de los pantanos y el venado de las pampas comparten el territorio con una diversidad de reptiles y anfibios que hace de cada recorrido una experiencia de descubrimiento continuo.

Los safaris fotográficos en vehículo por las picadas del parque son una de las actividades más valoradas. La escasa presión turística del lugar se traduce en animales más confiados y en posibilidades fotográficas de mayor calidad que en destinos más concurridos.

Senderismo, cicloturismo y cabalgatas

Los senderos habilitados permiten explorar a pie los diferentes ambientes con guías que convierten cada salida en una narración ecológica viva. El cicloturismo por las picadas del parque permite cubrir más territorio manteniendo el impacto ambiental mínimo. Las cabalgatas y los paseos en carruajes tradicionales en el pueblo de Mburucuyá añaden una dimensión cultural auténtica: la cultura criolla correntina y su relación con el caballo tienen en este pueblo una expresión genuina y cotidiana.

El Festival del Chamamé y la cultura en Mburucuyá

El pueblo de Mburucuyá es la cuna de una de las expresiones culturales más ricas del noreste argentino: el chamamé, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2020.

El Festival del Chamamé de Mburucuyá no es una producción turística creada para visitantes sino una celebración que la comunidad lleva adelante desde siempre. Bailarines, acordeonistas y cantores que practican el género desde la infancia llenan las noches del festival con una energía que solo puede generarse cuando la música es parte de la identidad. El Museo del Chamamé contextualiza la historia de este género que es, en muchos sentidos, la banda sonora de la vida rural correntina.

Infraestructura y cómo llegar

Camping gratuito con quinchos, parrillas, baños con agua caliente y proveeduría. El acceso desde Corrientes capital se realiza por la ruta provincial 5 hasta Mburucuyá y desde allí por camino de ripio, con un recorrido total de aproximadamente 185 kilómetros.

Mejor época: otoño y primavera (abril-junio y septiembre-noviembre), cuando las temperaturas son más agradables y la actividad de la fauna alcanza sus picos más altos.